Arquímedes dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.
Esta frase, además de hacer referencia a la teoría física de la ley de la palanca, en su sentido espiritual es mucho mas importante de lo que parece. El ser humano, además de los cinco sentidos conocidos y el sexto basado, quizás, en la intuición, cuenta con valores fundamentales enfocados mas bien hacia las propias realizaciones. Nos estamos refiriendo por ejemplo a la intención, la ilusión, las inquietudes, los propósitos, la elaboración, la pauta, el método, las vías y la plasmación. Suponiendo que no falle ninguno de estos imprescindibles ingredientes sazonados además con los que cada uno añada de su cosecha propia, si no disponemos del fundamental las realizaciones perseguida tendrán muy pocas posibilidades de ver la luz. Nos estamos refiriendo a la VOLUNTAD.
Si entendemos por voluntad la capacidad y la potencia del alma que mueve a hacer o rehuir un hecho, la fuerza de voluntad será la energía poderosa e inflexible que hace posible cualquier realización libremente elegida. Sin pretender ser pedante e ilustrado la importancia del concepto de voluntad, podríamos hacer mención, entre los muchos que se han dedicado al estudio del valor de la voluntad, desde la filosofía escolástica hasta nuestros días, a dos reconocidos filósofos y metafísicos: Schopenhauer y Nietzsche. Para el primero, la voluntad prima sobre el intelecto y la define como el principio real una “voluntad de poder” que hace inteligible la “vida”. Independientemente de las corrientes filosóficas que intentan definir de forma sensata los conceptos abstractos, en un plano realista y practico podemos definir que la voluntad es el combustible que alimenta el motor de nuestros deseos y realizaciones.
Una forma optima para desarrollar el poder que nos da la fuerza de la voluntad consiste en el ordenamiento mental, es decir, huir de “amontonamiento” de acciones con las que solo vamos a conseguir dispersar los logros. Si pretendemos iniciarnos en el desarrollo de la voluntad, inicialmente deberemos proyectar pocas cosas a la vez y esperar los resultados.
En la lenta andadura que nos lleva por el camino de la voluntad es importante saber utilizar el papel y el lápiz. En determinadas ocasiones el ritmo de vida y las innumerables circunstancias que marcan la cotidianidad nos privan de la objetividad que es tan necesaria para valorar los resultados obtenidos fruto del propio esfuerzo. Por ello, sería interesante que llevásemos un pequeño diario en el que anotásemos de forma diaria y sistemática los logros frutos del ejercicio programado de nuestra voluntad.
LA VOLUNTAD ES UN HIERRO QUE SE FORJA CON EL FUEGO DE LA CONSTANCIA
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