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"El éxito es conseguir lo que se desee. La felicidad es apreciar lo que ya se ha conseguido"

viernes, 9 de noviembre de 2007

Historia de los cerezos Japoneses

Cerca de Nagasaki vivía un médico y filósofo llamado Shirobei Akyama, que estaba convencido que el origen de las enfermedades humanas era la mala utilización del cuerpo y del espíritu. Este precursor de la medicina psicosomática partió hacia China donde se decía que las técnicas terapéuticas hacían maravillas. Estudió los principios del Tao, la acupuntura y algunas técnicas del famoso Wu Shu, lucha china que utiliza las proyecciones, las luxaciones y los golpes, creada por un médico para restablecer rápidamente las convalecencias y desarrollar el cuerpo armoniosamente. Vuelto a Japón, Shirobei Akyama enseñó a algunos discípulos una veintena de técnicas de reanimación y tres o cuatro ataques sobre puntos vitales. Había comprendido el principio positivo de la filosofía del tao, así como sus aplicaciones prácticas en medicina y en la lucha. Al mal, se opone el mal, a la fuerza, la fuerza. Pero, ante una enfermedad difícil de definir o muy poderosa (o un adversario muy fuerte), los principios chinos no tenían respuesta. Los discípulos del médico se descorazonaron y le abandonaron. Akyama, perplejo, se retiró a un pequeño templo y se impuso una meditación de cien días. En el transcurso de este tiempo de ascetismo, el espíritu de Akyama llegó a alcanzar una extraordinaria tensión. Todo era puesto en cuestión: la filosofía china ying y yang, la acupuntura de la que emana y, en fin, todos los métodos de combate. Una mañana que nevaba abundantemente, Akyama paseaba por el jardín del templo. Iba escuchando los crujidos de las ramas de los cerezos, doblegados por el peso de la nieve. Luego, vió un sauce al borde del río. El peso de la nieve curvaba sus ramas, pero la flexible madera se liberaba entonces de su carga de nieve y volvía a recuperar su posición inicial. Fué como una iluminación! A lo positivo hay que oponer su complemento: lo negativo. A la fuerza, hay que reaccionar con la flexibilidad. Si un atacante os empuja, no opongáis con vuestra fuerza, ya que si la suya es superior nos arriesgamos a ser derrumbados. A la fuerza del empuje ceded rápidamente con un súbito e inesperado retroceso. Vuestro adversario habrá hundido una puerta abierta y, desequilibrado, caerá a vuestros pies. Si, por el contrario, un adversario tira de vosotros hacia él, no os mantengáis tirantes en una vana resistencia. Abalanzáos en el sentido de su tracción y, entonces, aprovechad de su desequilibrio para derribarle sin un gran esfuerzo.

3 comentarios:

maria dijo...

hola me interesaria saber donde podria conseguir un cerezo japones, para comprar. mi correo es mariacazacioc@hotmail.com saludos

Anónimo dijo...

Tuve un cerezo maravilloso en el patio de mi casa, no lo olvidaré por su generosidad y belleza, era luz en la noche de oscuridad y con la luna parecian brillar juntas, era una luna en la tierra, era la luna en mi patio, una belleza tan extraordinaria nunca había visto y nunca lo olvidaré en mi vida. Por eso Amo los Cerezos, tiene un gran sentido místico para mi, quisiere volver a tener uno, pero ninguno será como el mío, lo se.

Anónimo dijo...

Querido cerezo en flor, no te olvidaré, mi amigo, creciste conmigo y cuando mis lágrimas caían, tu las recogías entre tus flores, mis pensamientos volanban contigo, cuantas veces me recogiste entre tus largas ramas que erán brazos de madre para mi, mi regufio, mis sueños, cuanto te añoro y te recuerda mi corazón.

Cada nuevo día es una página en blanco en el diario de tu vida. La lapicera está en tu mano, pero no todos los renglones serán escritos como deseas: algunos provendrán del mundo y de las circunstancias que te rodean. Pero, por la gran cantidad de cosas que están bajo tu control, es preciso que sepas algo en especial. El secreto de la vida radica en hacer tu historia lo más bella posible. Escribe el diario de tu vida y llena las páginas con las palabras nacidas del corazón. A medida que las páginas te lleven adelante, descubrirás senderos que te agregarán penas y alegrías, pero si puedes hacer estas cosas, siempre habrá esperanza en el mañana. Sigue tus sueños. Trabaja duramente. Sé bondadoso. Esto es lo que cualquiera podría pedir; haz todo lo que puedas para que la puerta se abra a un día lleno de una belleza especial. Recuerda que la bondad siempre es recompensada. Las sonrisas rinden dividendos. Diviértete. Descubre tu fuerza interior. Sé sincero. Conserva la fe. No concentres tus pensamientos en las cosas que te faltan. Descubre que el mejor tesoro de la vida es la gente y que la mejor de todas las riquezas es la felicidad. Lleva un diario que describa cómo te esforzaste y lo demás vendrá por añadidura.
NO TEMAS SENTIR QUE EL SOL DE LA MAÑANA BRILLA SÓLO PARA TI.
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